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Rabbenu Jaim Vital ע"ה:

El Santo Rabbí Jaim Vital, alumno predilecto del gran Rabbenu Haarí za”l, fue escogido para revelar al mundo los secretos de la Kabbalá que recibió de su gran maestro. Sus obras y acciones son famosas en el mundo entero, sus milagros y poderes han sido tema de plática en toda ocasión, están escritas en numerosos libros y no es necesario repetirlos en el contexto de este sitio. Por lo que nos enfocaremos en traer solo ciertos episodios de su vida de la época en la cual estuvo viviendo en Damasco.

Por las iniciales de su nombre en hebreo es conocido como El Maharjú.

Su nombramiento como Jajam (autoridad rabínica):

El 20 de Elul del año 5350 (9 de septiembre de 1590), fue nombrado "Jajam" por su maestro el Mehara”m (Ribbí Moshé) Alshej (quien a su vez había sido nombrado por el Gran Rabbenu Yosef Caro). Por medio de este nombramiento tenía derecho a realizar actas de divorcios y demás juicios, lo cual hacía en la práctica.

En el acta de nombramiento lo llama “El Gran Jajam, Jasid y Cabalista”.

Su llegada a Damasco:

Cerca del año 5353 (1593), cuando El Maharjú vivía en Yerushalaim, se enteró el ministro Abú Sifin, gobernador de la ciudad, que antiguamente existía un río que se llamaba “Guijón”. Cuando Sanjerib (rey asirio) sitió la ciudad, Jizkiyahu (rey de Israel) selló las aguas de dicho río. No cualquiera podía abrirlo nuevamente, ya que estaba sellado por medio de secretos cabalísticos. El ministro buscaba alguien capaz de hacerlo, y la gente señaló al Maharjú como el único hombre con esa categoría, ya que era conocido por su gran santidad y conocimientos. Entonces un día viernes el ministro mandó llamar al Maharjú y le ordenó: “mientras yo voy a rezar en el monte del Templo quiero que abras el río que selló el rey de Israel, es muy necesario para la gente e la ciudad. Si te rehúsas, te mandaré a matar.” En ese instante el Maharjú pronunció unos nombres sagrados que lo hicieron desaparecer de allí y lo transportaron rápidamente hasta la ciudad de Damasco.

Al llegar, se le presentó en sueños Rabbenu Haarí Za”l y le dijo que había perdido una gran oportunidad. Ya que ese ministro era una reencarnación del rey asirio Sanjerib (y la prueba de ello que el nombre “Abú Sifin” en árabe significa “padre de las espadas”, y el nombre “Sanjerib” también está relacionado con eso), y él (el Maharjú) tenía también una chispa del alma del rey Jizkiyahu. Ese era el momento preciso de reparar el error, ya que cuando sellaron el río no lo habían hecho con la aprobación de los Jajamim. Si hubiese abierto el río, se habría hecho el “Tikún” necesario, se hubiera santificado el nombre de Hashem, y hubiese comenzado la redención final de Israel, pero ahora ya era tarde y el momento propicio se había esfumado. El Maharjú intentó excusarse diciendo que no había querido hacer uso de los sagrados nombres para algo material, pero Rabbenu Haarí lo reprochó, ya que de todas formas los había usado para transportarse.

De cualquier manera, Hashem es quien dirige los pasos de sus criaturas, y no en vano el Maharjú encontró refugio en la ciudad de Damasco, donde habitó hasta el final de sus días, como veremos enseguida.

La “Kelipá” (fuerza negativa) del ídolo “Bet Rimón” que posaba sobre Damasco:

Ya en el libro de Melajim (parte del Tanaj) aparece el ídolo “Bet Rimón”, que era la Abodá Zará de los antiguos habitantes de Aram, actual Damasco (Siria). El Maharjú escribió al final del libro cabalístico E's Jaim, las siguientes palabras: “Existen cuatro fuerzas negativas principales (Kelipot), Lili”t, Iguere”t, Raha”b y Naam”á, las cuales reposan en cuatro lugares definidos, Roma, Salamanca (España), Egipto y Bet Rimón de  Damasco. Cada una tiene un poder diferente para hacer pecar a las personas, Lili”t en Roma se encarga de la idolatría, en Salamanca el asesinato, en Egipto el adulterio, y en Damasco el robo. Que Hashem nos aleje de todas las malas influencias, Amén Netzaj Sela Vaed.”

El gran Ribbí Aharón Perez escribió en su libro “Bigdé Aharón” (citado por Ribbí Jaim Palachi en su libro “Arsot Hajaim”), que toda su vida sufrió por el hecho de que el Maharjú salió de Israel, y se fue a vivir a tierras extrañas, falleciendo fuera de la Tierra Santa. Hasta que le preguntó a Ribbí Moshe Nag’ara y le explicó que fue intencional, ya que en esos momentos se había fortalecido mucho la Kelipá de Bet Rimón, y se encontraba justamente debajo de un manantial en el mercado de la ciudad. Por eso el Maharjú fue para allá para poder debilitarla por medio de sus rezos y pensamientos místicos (como veremos a continuación), y también por eso falleció allí para estar pendiente todo el tiempo, y en caso que la Kelipá emerja para acusar en el cielo, el Maharjú la aplaca con su santidad 

 

manuscrito de Maharju "shaar hatefila" 

 Manscrito del libro "hezionot"

 
 "ohel maharju" en el cementerio de Damasco

lapida de Maharju y sus alumnos

 

 

Hajam Nissim Ndebo y Hajam Zaki Assa (atras Hajam Shaul Mnag'ed)

G’ma’ ‘l Ahmar:

Los ancianos de Damesek señalan un lugar llamado “G’ma’ ‘l Ahmar”, como el lugar donde posaba la Kelipá de Bet Rimón. Allí había un monasterio que luego se destruyó, y sobre él se construyó el G’ma’. Este lugar estaba cerca del antiguo cementerio judío. Cada vez que había un fallecido para enterrar, el cortejo pasaba por ese lugar, y ocurría algo muy extraño, de pronto sentían el féretro más liviano, como si estaría vacío. Cuando le platicaron esto al Maharjú, él entendió lo que pasaba. Los espíritus malignos de “Bet Rimón” (que su fuerza radicaba en el robo, como nombramos anteriormente) se “robaban” al difunto al pasar por allí y por eso lo sentían más liviano, por eso les pidió que la próxima vez que ocurriera le avisaran inmediatamente. Así fue como en la siguiente vez que pasaron por allí y sintieron la ligereza del difunto, le notificaron al Maharjú, quien desde su lugar actuó haciendo las Cavanot correspondientes y aplicando las fuerzas cabalísticas, y liberó al difunto de los malos espíritus. Los que cargaban con la “Misvá” (el féretro), nuevamente lo sintieron pesado como era normal. Después del incidente, ya nunca más volvió a ocurrir, ya que el Maharjú con su gran poder espiritual había dominado a las fuerzas del mal.

La comunidad de los “Skalain” (S’alain(:

En esa época había en Damasco tres comunidades diferentes, dependiendo de su lugar de proveniencia. La comunidad de los “Musta’arabim” que son los originarios de la propia Siria, la comunidad “Sefaradí” provenientes de Sefarad (España), quienes habían llegado huyendo de las terribles garras de la inquisición, y la comunidad de los “Skalain” que provenían de la zona de Sekilia, cercana a España, y estaban organizados como comunidad independiente. Cada una de ellas tenía su propio Knis, su propia Arijá, y sus propias costumbres.

A su llegada a Damasco, el Maharjú fue nombrado como dirigente y Jajam principal de la comunidad Skalain. Hasta el día de hoy siguen en pie, en el barrio judío, el Knis Skalain donde oficiaba el Maharjú, y en el barrio de Shagur el Midrash donde enseñaba Kabbalá a ciertos alumnos escogidos. Entre ellos R’ Efraim Pans'eri autor del libro “Gale Amikata”, R’ Jaim Hacohén autor del “Tur Bareket”, y R’ Yefet Mizri. Cuentan los ancianos que en ese Midrash se encuentra un pozo de agua de manantial donde estos Jasidim hacían Tebilá antes de comenzar su estudio.

Una imagen llena de gloria y esplendor quedó grabada para siempre, cuando el Maharjú oficiaba como Jazán en Musaf de Yom Kipur, y una de las señoras vio una columna de fuego sobre su cabeza.

Algunas conductas del Maharjú en la comunidad Skalain:

Atestiguó R’ Shemuel Vital, hijo del Maharjú, que su padre no quiso cambiar las costumbres de la comunidad Sklain, aunque varias cosas las hacían diferentes a lo que le había enseñado su gran maestro Rabbenu Haarí za”l. Por su gran humildad no le gustaba corregir a nadie, por eso únicamente cuando hacía la Tefilá él mismo lo hacía según las enseñanzas de su maestro.

Esto significa que lo hacía en su Tefilá personal, en voz baja, sin que nadie notara la diferencia. Pero cuando era Jazán y rezaba en voz alta, lo hacía según las costumbres del Kahal, sin cambiar nada. Como lo atestigua también su hijo en otro libro, el Maharjú decía todas las confesiones de Kipur aunque Rabbenu Haarí no estaba de acuerdo con ellas.

Una impresionante visión durante su estado moribundo:

En el año 5364 (1604) se enfermó gravemente y estuvo sin conocimiento durante veintiún días. La noche número veintidós llegó a un estado cercano a la muerte, por lo que permanecieron en su casa ciertas personas para estar presentes en el momento del fallecimiento. Era un sábado en la noche, y durante las primeras horas de ésta, abrió el Maharjú su boca cuatro veces, como lo hacen los moribundos a la hora del fallecimiento.

En eso, abrió el Maharjú sus ojos y miró hacia la pared oriental frente a él, y vio dos columnas de fuego: una columna de fuego rojo, y la otra de fuego verde como el pasto.

Se inclinó el Maharjú ante a esas columnas y estuvo mirándolas hasta la medianoche. Después el fuego se movió hacia la pared norte, y estuvo allí hasta el amanecer, mientras el Maharjú no dejaba de mirarlas. Los presentes creían que se inclinaba y miraba el lugar de la Shejiná, sin saber de qué se trataba todo esto.

Cuando llegó la mañana, les dijo el Maharjú que escuchó que aun no había llegado el momento de su fallecimiento, ya que le esperaba un aposento muy grande e imponente en el paraíso y todavía no estaba terminado. Entonces se fortaleció, se le bajó la fiebre y regresaron sus sentidos. Solamente la vista no regresaba, hasta que al séptimo día comenzó a ver y poco a poco le fue volviendo hasta los cuarenta días. Y aun después de eso nunca volvió a ver completamente, ya que constantemente veía llamas de fuego revolotear en sus ojos, remanentes de esas columnas de fuego que había contemplado.

La petición sobre el lugar de su entierro:

Como ya hemos mencionado, el Maharjú luchó duramente para dominar a la Kelipá de Bet Rimón. Cuentan los ancianos que al final de sus días pidió ser enterrado en el antiguo cementerio judío, frente al lugar donde posaba aquella Kelipá, para impedir que vuelvan a actuar las fuerzas malignas.

Falleció Rabbenu Jaim Vital el 30 de Nisán de 5380 (23 de abril 1620), que su mérito nos proteja, Amén.

Su lápida está grabada por arriba y por los cuatro lados, recordando su gran santidad y poder, su alta categoría en el estudio de la Torá y la Kabbalá, y sus enseñanzas al pueblo de Israel.

El traspaso de su tumba:

Cerca del año 5730 (1970) decidió el gobierno de Siria construir un nuevo aeropuerto en Damasco, y ensanchar las carreteras que llevaban a él. Según los planos, una de las rutas ocuparía parte del panteón judío, justamente donde estaba enterrado el Maharjú. El gobierno exigió a la comunidad judía traspasar la tumba a otro lugar, pero el Jajam Nissim Hacohén Ndebo, el más veterano de los Jajamim, decidió no mover la tumba sino hasta el último momento cuando ya estuvieran las excavadoras de los constructores en el lugar. Esta decisión la tomó con base en la información que recibió de sus maestros, según la cual el Maharjú había pedido ser enterrado allí para poder impedir que actúen las fuerzas malignas de “Bet Rimón”, y entonces debía permanecer allí el mayor tiempo posible.

El día en el cual las excavadoras de la construcción de la carretera, llegaron prácticamente hasta la tumba del Maharjú, todos los Yehudim de Damasco se encerraron en sus casas por temor a lo que pudiera pasar al abrir esta sagrada tumba. Únicamente un reducido número de personas se presentó para ocuparse del traslado, entre ellas el encargado de la Jebrá Kadishá en Damasco, en ese entonces Don G’emil Mal’aj ע"ה. El grupo pidió perdón al Maharjú por esta molestia, y con gran temor traspasaron la tumba a otra sección del antiguo cementerio.

Después de dos años, nuevamente el gobierno decidió ensanchar esa carretera, de manera que ocuparía todo el terreno del cementerio, había que desocuparlo por completo. Entonces traspasaron la tumba del Maharjú junto con las de otros diez Jajamim que estaban enterrados a su alrededor, al cementerio general judío de Damasco. Por encima de las tumbas se construyó un amplio y honorable recinto, y desde entonces todo el que visita el cementerio primero visita al Maharjú y luego se dirige a las tumbas de sus seres queridos.

En los últimos años, se corrieron diferentes rumores según los cuales los restos del Maharjú fueron llevados en secreto hasta la tierra de Israel. Hay todo tipo de versiones al respecto, algunas lo atribuyen a una época anterior a la del traspaso de su tumba antes mencionado, y otras a una época posterior. Estos rumores han sido desmentidos rotundamente por el Jajam Yosef Asse הי"ו quien fue el Shojet y Mohel en todo Damasco y Líbano, hijo y alumno del Jajam Zaqui Asse ע"ה, que vivio sin apartarse de el casi por cincuenta años y se expresó diciendo que todos esos son “cuentos y habladurías”. Su padre era en esa época el principal dirigente religioso de la comunidad judía en Damasco por decisión del anciano Jajam Nissim Ndebo ע"ה quien tomaba todas las decisiones sobre los asuntos que surgían, grandes o pequeños, y nada se hacía sin su autorización, mucho menos algo tan relevante como mover los restos del Maharjú, y en ningun momento se hablo de semejante proyecto. Él mismo visitó varias veces la tumba del Maharjú, en el antiguo cementerio y en el nuevo, y nunca se vieron señales de que haya sido tocado. Todo está intacto como el primer día, de modo que el Maharjú se encuentra en Damasco hasta la fecha. Lo mismo aseguran varios fieles Yehudim que vivían en Damasco durante los últimos cincuenta años.

Para finalizar citaremos que el anciano Jajam Nissim Ndebo ע"ה fue enterrado por su pedido cerca del Maharjú.

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