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Ribbí Yaakob Antebi:
Hijo de R´ David, hermano de R’ Abraham Antebi z”l, quien era de los grandes Jajamim de Aleppo (Jalab), autor del libro “Mor Vaahalot”.
R’ Yaakob fue Rabino y juez en Damasco por más de treinta años, y era llamado por los grandes Jajamim de la ciudad “el Mará Deatrá” (el “Señor” del lugar).
Era conocido por su buen nombre hasta los lugares más lejanos, y era venerado hasta por los grandes Jajamim de su época, quienes le exponían sus dudas y pedían saber su opinión sobre los difíciles temas de la ley de la Torá. Empero, muy poco de sus explicaciones han llegado a nuestras manos, las cuales aun están en manuscritos de los Rabinos de su época.
Entre sus famosos veredictos se encuentra el que escribió sobre el problema de la herencia del ministro Don Jaim Farji, que Hashem vengue su sangre, que fue asesinado cruelmente por el Peja Abdalla en la ciudad de Aco, el día de Rosh Jodesh Elul 5579 (Agosto 1819). También su esposa falleció al escapar desde Aco hacia Damasco, por lo que gran parte de su fortuna quedó en manos de su hermano menor, el ministro Moshe Farji. Comenzó un juicio en su contra demandado por su otro hermano el ministro Refael, y los hijos del fallecido Don Yosef, que reclamaban su parte de la herencia. El día 18 de Elul del año 5593 (Septiembre 1833) dictaminó R’ Yaakob a favor de los demandantes, y declaró al ministro Moshe obligado a pagar. El citado hizo caso omiso del veredicto y después de muchas negativas, comenzó a provocarle problemas a R’ Yaakob por medio del gobierno. Entonces, el 28 de Jeshvan del año 5597 (Noviembre 1836) R’ Yaakob redactó una carta en la cual fijaba que el Ministro Moshé se negaba a pagar, y la mandó a Yerushalaim donde los grandes Jajamim encabezados por el Rishón Lesión R’ Abraham Jaim Gaguin apoyaron su dictamen. (Para ampliar este tema, ver el libro "Jukot Hajaim" de R’ Jaim Palag’i que trae las diferentes opiniones que hubo sobre este pleito).

Entrada de la mansion del Ministro Haim Farhi en Damasco
R’ Yaakob se fijaba mucho en seguir las costumbres de la ciudad, y cuando no estaba claro cuál era la costumbre original se esforzaba en averiguar y aclarar bien el tema y no se apoyaba en sus conocimientos aunque eran muy vastos. Un ejemplo de esto se puede ver en el libro "Shaaré Ezrá" (del Gran Rab Ezra Maslaton Tarrab z"l) sobre el tema de un Berit Milá que cae en Yom Kipur si se le da de probar el vino a un niño o no.
Aparte de su grandeza en todos los temas de las leyes de la Torá, y sus constantes ocupaciones como juez principal, también era Mohel experto, y ejercía como tal frecuentemente. Acostumbraba siempre a apuntar en un cuaderno los nombres y las fechas de los niños que circuncidaba, y se conserva este escrito hasta nuestros días.
Libreta con los nombres de los niños circuncidados por el Rab
También encontró tiempo para redactar cánticos y alabanzas, los cuales adaptó a las melodías conocidas populares, y de esa manera evitó que la gente cantara esas canciones de Goyim y adoptaran las letras que él había compuesto.
Pero lo que más hizo famoso a R’ Yaakob, y por lo cual es recordado en la historia, fue su entrega y sacrificio en el famoso Nes Tuma. Cuando en el año 5600 (1840) los cristianos calumniaron a los judíos de Damasco de haber matado a un monje Badri Tuma (el padre Tomás, que su nombre sea borrado ימ"ש) y a su sirviente, para utilizar su sangre en la elaboración de las Matzot para pesaj. R’ Yaakob soportó horribles torturas en manos del gobierno que lo encarcelaron a él y a varios otros jefes comunitarios. Hasta el día de hoy en todas las comunidades provenientes de Damasco, después de Kal Nidre en Kipur de cada año, cuando se recuerdan los nombres de los Grandes Jajamim de nuestra historia para su reposo en el mundo de las almas, uno de los más importantes es el nombre del “Gran Rabino, fortaleza y bastión, nuestro maestro y la gloriosa corona de nuestras cabezas, el justo y humilde, jefe del tribunal rabínico en Damasco, quien soportó terribles torturas y sufrimientos amargos para salvar a su pueblo, Ribbí Yaakob Antebi”.
Durante más de seis meses estuvo encarcelado, donde constantemente lo torturaron con crueldad, y más de una vez estuvo a punto de morir de tantos dolores y sufrimientos, pero con todo no pudieron los infames conseguir sacar de su boca una confesión que diga que los Yehudim mataron al monje ימ"ש. Muy pocas de las calamidades que pasaron sobre él las escribió, por pedido de Sir Moshé Montefiori ע"ה, y está impreso al final del libro “Or Yesharim” de su tío R’ Abraham Antebi, del cual citaremos varias frases en este artículo.
Las terribles torturas, según testimonio del propio R’ Yaakob:
Luego del falso testimonio del renegado Muhammad Efendi el cual involucraba directamente a R’ Yaakob con el asesinato, un grupo de fornidos soldados lo arrastraron fuera de su celda, y lo llevaron al patio de la cárcel mientras lo golpeaban duramente, le escupían y le jalaban la barba. Amenazaron al Rab con degollarlo como un cordero si no confesaba, e inmediatamente lo tumbaron al suelo y pasaron el cuchillo por su cuello varias veces para amedrentarlo. Así lo describe el Rab en su carta: “Me golpearon, lastimaron y mataron, de manera que es imposible describir con palabras y oírlo sin estremecerse”.
Luego le quitaron su turbante, y arrojaron al Rab con violencia a un pozo profundo de agua helada, que también tenía nieve. Todos los soldados rodearon el pozo con garrotes en sus manos, y cuando el Rab asomaba su cabeza fuera del agua para respirar, recibía tremendos golpes. En un momento el Rab decidió morir ahogado y ya no sacar la cabeza, para no soportar los fuertes garrotes en su cabeza. Al ver que no salía, el infame gobernador ordenó sacarlo de allí. Todos sus miembros tiritaban de frío y temblaba descontrolado, y sus ojos se oscurecieron casi perdiendo la vista. Entonces, trajeron al renegado Efendi para que tratara de convencerlo. Él le dijo: “Tú piensas morir Al Kidush Hashem (entregar tu vida santificando el nombre de D-os), pero no lo lograrás. Ellos te torturarán sin piedad cuidando de no matarte, cada día te harán sufrir amargamente hasta que confieses”. Cuando R’ Yaakob le contestó que se negaba a confesar, el renegado dijo que el Rab lo estaba maldiciendo, entonces se enfureció el comandante y ordenó que lo golpearan nuevamente, pero el médico presente mirando la cara del Rab dijo que era muy peligroso, y que si no lo trataban urgentemente en quince minutos moriría, ya que vio que estaba pronta su alma a dejarlo.
Enseguida le quitaron las ropas mojadas y heladas, le pusieron unas ropas de lana y encendieron fogatas a su alrededor para calentarlo. Pero los guardias no lo dejaban en paz, le quitaban nuevamente las ropas dejándolo desnudo a la intemperie, y le exigían dinero para permitirle vestirse y calentarse. Así pasó toda esa noche entre insultos y maldiciones, y mientras lo golpeaban y escupían no lo dejaron descansar ni un momento.
Al otro día lo condujeron al Diwan (la sala de juicio) montado sobre un burro, ya que no tenía fuerzas de caminar por sí mismo. En el trayecto, mientras andaba por las calles de la ciudad, la muchedumbre se abalanzó sobre él, lo bajaron del burro y lo montaron al revés amarrándolo a la cola del burro, escupiéndole en su cara, y torturándolo de una forma indescriptible, algo que la mente no puede imaginar el terrible sufrimiento del Rab en esos momentos.
Al lugar del juicio trajeron a uno de los Yehudim que tenían detenido, que no pudo soportar las torturas, y de tanto dolor atestiguó en falso en contra de R’ Yaakob diciendo que él había planeado el asesinato para obtener la sangre. Como R’ Yaakob negó todos los cargos, lo acostaron en el suelo y lo golpearon en la espalda con garrotes y látigos (el Jurbag’), sus gritos se oían desde lejos, le rompieron varios huesos y otros se dislocaron por la dureza de los golpes, y gran cantidad de sangre salía de su cuerpo. En ese momento perdió el habla y se desmayó, pero ellos lo reanimaron echándole mucha agua fría.
Nuevamente trataron de convencerlo platicando con él, pero al seguir su negativa, se enfureció más el comandante, y ordenó que le amarrasen alrededor de su cabeza una cuerda muy apretada, e iban insertando huesos entre la cuerda y la cabeza para provocarle dolor. De tanta presión que hicieron se rompió la cuerda, pero trajeron una nueva, y siguieron haciendo más presión por medio de nudos, hasta que sus ojos se salieron de las órbitas, y luego los huesos del cráneo se separaron de la cabeza. El Rab profirió un terrible grito de dolor, y cayó como un cadáver frente a todos los presentes. Inmediatamente echaron mucha agua fría hasta que despertó lentamente. Lo regresaron en ese estado a su celda, al grado que el Rab ansiaba morir en cualquier momento.
Ribbi Yaacob encarcelado
piintura de Moris Openhaim
Después de un breve tiempo, trajeron más testigos falsos que involucraron a R’ Yaakob con la muerte del sirviente del monje, en casa del Señor Farji. Entonces, ordenó el infame insertar puntas de caña entre sus uñas y su carne. Luego ordenó que lo encerraran en un altillo sin contacto alguno con el exterior. De la comida que mandaban de su casa, sólo le llegaban algunos restos que dejaban los carceleros.
Siguieron atormentándolo, y cada vez que debía hacer sus necesidades no le permitían salir hasta que les pagaba fuertes sumas de dinero, su familia tuvo que vender casi todas sus pertenencias para hacerle llegar el dinero para estos fines. Para quitarle más dinero, cada día cambiaban los guardias, y venían cada vez más crueles y despiadados, que aun después de quitarle su dinero no lo dejaban salir al baño, ni de día ni de noche. Lo golpeaban con mucha crueldad, y le arrojaban todo el humo de sus cigarros en la celda, hasta que apenas era posible respirar el aire tan viciado.
Al transcurso de varios días cuando ya estaba un poco repuesto, lo llevaron otra vez frente al maldito gobernador. Como el Rab seguía negando todo, tomó el látigo y comenzó a golpearlo de frente, mientras dos soldados lo golpeaban por detrás con suma crueldad. Ya era demasiado para él, y cayó desmayado.
Al día siguiente continuaron los golpes, sus gritos se oían desde lejos mientras lo torturaban. Le jalaron de sus orejas tan fuerte que nuevamente se desmayó. De regreso a su celda los guardias lo golpearon duramente, le arrancaban la barba y le exigían dinero para que no lo hicieran sufrir.
Al tercer día lo regresaron a la sala del juicio, y nuevamente después de las amenazas y la negación por parte del Rab, comenzaron las torturas. Esta vez ordenó a los soldados ensañarse con sus órganos reproductores. Aplastaron sus testículos hasta que se desmayó del dolor.
Al cuarto día se concentraron aun más en torturarlo en este miembro. Le amarraron allí una cuerda con una bola de plomo en el otro extremo, y lo golpeaban con mucha fuerza, de modo que cada vez que recibía un golpe se caía para un lado y la cuerda se estiraba hasta que casi se desprendió el miembro y los testículos de su cuerpo. En ese momento perdió el conocimiento y cayó en profundo sopor sin sentir nada durante varios días.
Al cabo de un tiempo cuando su maltrecho cuerpo recobró algo de fuerzas, amarraron sus manos y pies a unos troncos, los cuales agarraron unos soldados fuertes y lo estiraron. Lo levantaban y lo sacudían y luego lo arrojaban fuertemente al suelo de piedra. Durante la noche lo golpearon con el látigo (el Jurbag’) en sus pies, especialmente el izquierdo que lo tenía muy enfermo, con tanta dureza que todas las uñas saltaron, la piel se deshizo y gran cantidad de sangre fluía. De tanto dolor perdió el habla y quedó como un cadáver.
Como vieron que no podría soportar más torturas, lo mandaron a su celda completamente cerrada y sin ninguna comunicación. Se vio obligado a hacer sus necesidades en una cubeta que compró y no podía mover su cuerpo, y no vaciaban la cubeta a menos que pagara grandes cantidades de dinero. Así estuvo durante tres meses sin poder cambiar sus ropas, lleno de piojos que pululaban por su cuerpo día y noche, pulgas por doquier, ratas grandes y pequeñas y muchísimas hormigas que lo molestaban constantemente. La oscuridad era total y no podía distinguir entre el día y la noche.
No dejaron uno solo de sus miembros el cual no hayan destrozado con toda la crueldad posible, todos sus dientes cayeron uno a uno y ya ni siquiera tenía apariencia humana.
Una chispa del Mashiaj ben Yosef:
Cuando Sir Moshé Montefiori se reunió con Ribbí Yaakob después de su liberación, y éste le contó los detalles de sus torturas, no podía creer lo que estaba oyendo. Le dijo que era imposible que haya soportado más torturas que los Asará Harugué Maljut (los diez grandes Jajamim que murieron torturados en tiempos de los romanos), y seguramente había aquí algún secreto. Después de muchas insistencias, le confesó R’ Yaakob lo que le habían descubierto a él desde el cielo, de que él era una chispa del Mashiaj ben Yosef, y que el malvado y maldito gobernador era una chispa de Armilus Harashá (para entender y ampliar este tema, es necesario ver el libro “Shaar Hacavanot” cuando habla sobre la Berajá “Tishkón betoj Yerushalaim”, que en las palabras “Vejisé David Abdejá Meherá Betojáh Tajin” debe cada uno pedir por el Mashiaj ben Yosef de que no lo mate Armilus el Rashá). Justo en ese tiempo era propicia la salvación de Israel con el Mashiaj, pero la justicia divina acusó y anuló esta oportunidad, ya que un Yehudí había tenido relaciones con su esposa mientras estaba Niddá, y esto provocó todo este problema de la calumnia.
Cuando todo acabó y fue liberado, R’ Yaakob compuso un cántico especial de alabanzas y agradecimientos al creador, por su salvación y la de su comunidad de esta terrible amenaza. El cántico lo encontramos en manuscrito en una de sus libretas.

Manuscrito del canto y alabanza por su salvacion
Su traslado a la tierra de Israel:
Después de haber sido liberado (parece ser que fue el día 8 de Elul, el día que fue fijado después como festivo para la posteridad y no de dice Tajanunim), se quedó R’ Yaakob en Damasco hasta el 2 de Adar del año 5601 (1841). Ese día comenzó su viaje hacia la tierra de Israel, pudiendo festejar la fiesta de Purim de ese año en la ciudad de Tiberia, y llegando a Yerushalaim el día 25 de Adar .
Se cuenta que cuando R’ Yaakob estaba cerca de la ciudad, el Rishón Lesión (Rab principal de todo Israel) R’ Abraham Jaim Gaguin escuchó en sueños una voz que le decía “¡¿Yaakob Abinu viene a Yerushalaim y tú estás descansando?!”. No entendió el significado de este mensaje, y lo expuso al día siguiente frente a los Jajamim que estudiaban con él. Uno de ellos se paró y exclamó “seguramente se refiere a Ribbí Yaakob Antebi, quien se espiritualizó y santificó por medio de sus torturas, y está llegando a Yerushalaim”.
Cuando se acercaba R’ Yaakob a las puertas de la ciudad, salieron a recibirlo todos los grandes Jajamim de Yerushalaim, encabezados por el Rishón Lesión. Al encontrarse, bajó el Rab Gaguin de su burro y se inclinó frente a R’ Yaakob recordando la famosa frase de la Guemará: “Si hubieran torturado a Jananiá Mishael y Azariá se hubieran hincado frente al ídolo” la persona puede morir para santificar el nombre de Hashem, pero no puede soportar las torturas. ¡Quién como tú que te mantuviste y no cediste al dolor tremendo! Entonces tomó el Rishón Lesión su turbante distintivo y quiso ponerlo en la cabeza de R’ Yaakob, simbolizando que le cedía su puesto. Pero R’ Yaakob se negó rotundamente, y le dijo que ya cumplió con su misión de líder. Todo lo que quería ahora era elevarse espiritualmente y apegarse a Hashem, en la bella santidad de la ciudad de Yerushalaim.

distintas firmas de Ribbi Yaacob
Sus restos descansan en Yerushalaim. Falleció el día 7 de Tishré del año 5607 a los años. Que su mérito nos proteja a nosotros y a todo Israel.
En su lápida se lee:
Aquí yace el gran Rabino, famoso por su santidad y devoción.
Entregó su cuerpo y alma y santificó en nombre de Hashem en público,
soportó durante mucho tiempo terribles y amargas torturas
por la conocida calumnia que en cada generación tratan de aniquilarnos.
Santificó el nombre de Hashem públicamente en el año 5600
cuando era el Rabino principal de la ciudad de Damasco
El glorioso y santo Ribbí Yaakob Antebi, su recuerdo para bendición en el paraíso.
Descansó con honor aquí en la santa Yerushalaim
el 7 de Tishré del año 5607
Que su alma descanse en los aposentos de la vida.